jueves, 4 de abril de 2013

El hombre-bisonte de la cueva de El Castillo y otros “hechiceros” europeos del Paleolítico

Curso de Arte Paleolítico en la UBU. Totalmente online y por solo 90 euros.

La cueva de El Castillo es un enclave arqueológico localizado en el monte homónimo del pueblo de Puente Viesgo (Cantabria), que junto a otras cuevas con representaciones paleolíticas de la Cornisa Cantábrica fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad, entre ellas emblemas como Tito Bustillo, La Garma o Altamira. En su entorno, en el mismo monte, se hallan enclavadas otras cuevas también con magníficas representaciones pleistocénicas como Las Monedas, Las Chimeneas o la Pasiega. El Castillo además de reunir en sus paredes-lienzos la esencia del mal llamado arte paleolítico tiene en su depósito arqueológico uno de los yacimientos más importantes de Europa del Paleolítico medio y superior, con una potencia estratigráfica impresionante.

Aunque poco conocido por el gran público el hombre-bisonte de El Castillo es una de las obras más singulares del Paleolítico. A nivel formal es una escultura en bajo relieve que no alcanza a ser de bulto redondo ya que está embebida en una estalagmita. La propia naturaleza comenzó el trabajo y fue la mente del hombre paleolítico quien adivino las formas en la propia roca y acabó configurando un antropomorfo con rasgos humanos y animales. En él se conjugan las tres técnicas fundamentales del Paleolítico: la escultura, el grabado y la pintura.

Calco hombre-bisonte (El Castillo)
Fotografía Hombre-bisonte (El Castillo)
 Aprovechando las caprichosas formas de la roca se configura una figura con cabeza y cuerpo de bisonte acabando en extremidades inferiores humanas, donde se puede apreciar con claridad la forma del pie humano. Se pueden observar en trazo negro los cuernos en la parte superior, aprovechando una concavidad natural se insinúa el ojo que para ser remarcado se han grabado trazos finos en su contorno. La jiba aprovecha una protuberancia natural de la roca, la cual ha sido resaltada por medio de la técnica del raspado. Aunque el estado actual del pigmento es bastante precario en origen toda la representación estuvo pigmentada de negro. Está representado en vertical con unas dimensiones de 73 cms de altura y variables en su anchura.

Su clasificación es problemática al no contar con dataciones directas. Esto hace necesario recurrir a comparaciones formales, basadas en criterios estilísticos en función de los cuales investigadores como el abate Breuil, Perelló o Leroi Gorham las clasificaron dentro del tecnocomplejo Magdaleniense, en el estilo IV de la clasificación tradicional propuesta por este último. Sin embargo, las avances en los sistemas de datación han puesto de manifiesto lo obsoleto de este tipo de clasificación. Si conjugamos la comparación estilística con las nuevas dataciones del arte es posible que el hombre-bisonte de El Castillo hubiese que encuadrarlo en uno de los tecnocomplejos antiguos del Paleolítico superior, el Auriñaciense, ya que esa es la datación de uno sus paralelos más claros, el antropomorfo de la cueva de Chauvet.

Figuras de hombre-bisonte en el contexto europeo

El tema de los antropomorfos dentro del la temática general del arte paleolítico es relativamente común aunque minoritaria tanto en las representaciones parietales como en el arte mobiliar. A su vez el tema de la figura humana, dentro del cual se encuentra el hombre-bisonte de El Castillo, admite varias subdivisiones, como figuras masculinas y figuras femeninas, retratos, manos en negativo y positivo, batracios...

A la hora de buscar paralelismos nos centraremos en la figura masculina y en el arte parietal (a pesar de ser una división totalmente artificial la separación del arte mueble) que es donde se encuentran los ejemplos más cercanos, obviando los demás subtemas, incluso los retratos masculinos del arte mobiliar del yacimiento francés de La Marche(Francia), Isturitz (Euskal Herria), Mas d´Azil (Francia). 

Siguiendo un criterio estricto no es posible hablar de representaciones masculinas en el arte parietal, no hay ninguna representación que sea la de un hombre, salvo el retrato de Mausoulas o el recientemente presentado de la Cueva de Ambrosio (Almeria). Aparece siempre animalizado, es decir, con rasgos propios del bestiario pleistocénico. Si embargo es posible reconocer la figura masculina por la presencia de dos características, representación en postura erguida y con el sexo erecto.

El paralelismo más evidente lo encontramos en la cueva de Chauvet tanto por la temática representada (un hombre-bisonte), como por las características formales y el soporte empleado. Nos encontramos ante una figura bípeda pintada con color negro y que reproduce algunas de las características que ya hemos observado en la cueva cántabra, cuerpo de bisonte (astas, jiba, cabeza) y extremidades humanas. La representación está asociada a otra en la cual se intuyen las piernas y el pubis de una Venus paleolítica, lo cual ha dado lugar a la interpretación de la escena de una relación de sexo. El bisonte han sido datado en 32.900 B.P, durante el tecnocomplejo Auriñaciense.

Hombre-bisonte (Chauvet)

Otras dos representaciones de hombre-bisonte se localizan en la cueva de Les Trois-Fréres, uno de ellos es el famoso brujo en que se representa una figura con cabeza y cuerpo de bisonte y extremidades humanas que está tocando una flauta. Parece estar dentro de una escena en que iría guiando a una manada de animales. Existe en la cueva una segunda figura masculina bestializada con rasgos de bisonte, en esta ocasión se representa aislada y con la cabeza girada hacia atrás. En ambas observamos las características definitorias señaladas anteriormente, bipedismo y sexo marcado. Aunque en el primer caso la interpretación como figura masculina me genera algunas dudas ya que la presencia del sexo puede verse como parte de la barriga.

Calco "brujo de la flauta" (Trois Frères)

Antropomorfos con rasgos de otros animales

Dejando atrás la figura del hombre-bisonte encontramos otras representaciones de la figura masculina que siguen los mismos patrones descritos pero introduciendo variaciones en la temática representada. Uno de esos ejemplos se encuentran en la misma cueva de la dos figuras anteriores, en este caso las extremidades humanas se hallan asociadas a una cabeza de búho o una lechuza, cornamenta de cérvido y una cola de caballo. La posición erguida no es plena, lo cual sugiere la representación de algún tipo de danza. La representación del sexo masculino aparece entre las piernas pero en la parte posterior (lo cual siembra ciertas dudas). La técnica empleada es la pintura negra, bastante degradada en la actualidad. Hay que señalar que en la fotografía no se observa la cornamenta representada en el calco del Abate Breuil.

Calco de Breuil (Trois Freres)
Fotografia del calco


Las tres figuras de la cueva de Trois Frères se han clasificado dentro del Magdaleniense medio por criterios estilísticos (con la prudencia necesaria por las causas ya comentadas).




El hombre-uro de Gabillou es una variación de temática análoga: extremidades humanas en las que se observa claramente la forma del pie humano asociadas a rabo, cabeza y astas de uro. La posición también es erguida aunque con las piernas ligeramente flexionadas, lo cual nuevamente ha sido interpretado como una posición danzante. Nuevamente nos encontramos su atribución al género masculino por la presencia de un supuesto sexo erecto que genera dudas pero resulta aceptable. La técnica utilizada es el grabado profundo.

Calco de Gabillou
 Brujo de Gabillou

Existen otras representaciones masculinas como en el caso de Altamira o Lascaux donde se asocían a cabezas de aves, con las características habituales de posición erguida y sexo destacado, así como otros casos discutidos como los casos de Los Casares y Hornos de la Peña pero que en mi opinión se asimilan más a batracios. Del mismo modo considero que las tres representaciones antropomorficas de la cueva de Las Monedas (en el mismo monte Castillo) no presentan los suficientes rasgos definitorios para clasificar las representaciones como figuras masculinas, a pesar de que han sido interpretadas como hechiceros, reflejando una vez más la ideología masculina dominante. 

Antropomorfo de La Pasiega




















Deliberadamente omito en este artículo la comparación con una de las piezas de arte mueble más famosas, la figura leontecéfala conocido como Hombre-León de Hohlenstein, ya que aunque presenta paralelismos evidentes con las anteriores representaciones en cuanto a la bestizalización de la figura humana en mi opinión su atribución al género masculino sólo es explicable a partir de un androcentrismo más o menos consciente. El análisis de sus rasgos formales invitan más a interpretar la pieza como la Mujer-León de Hohlenstein a partir de la presencia de un evidente triángulo púbico y la ausencia de la característica melena de los leones. Pero esto es parte de otro artículo.

Interpretación

A lo largo de la historiografía podemos encontrar numerosas interpretaciones que relaciona estas figuras antropomorfas con chamanes, brujos o hechiceros, destacando los trabajos del investigador francés Jean Clottes. En algunos casos estas teorías se basa en comparaciones etnográficas que requieren cierta prudencia al comparar las sociedades chamánicas actuales con las sociedades de cazadores-recolectores del Paleolítico superior. Resulta difícil de aceptar que esas sociedades no hubiesen evolucionado nada en más de 40.000 años. También parece criticable que este tipo de representaciones se asocie siempre a cuestiones religiosas, despreciando los aspectos lúdicos que se pueden observar en las representaciones como la música, la danza o por qué no los disfraces de animales. Otro aspecto que silencian estas teorías es la participación de la mujer, atribuyendo la práctica de ritos a chamanes o brujos en masculino, obviando la presencia de representaciones femeninas igualmente animalizadas con rasgos del bestiario paleolítico.